Mostrando entradas con la etiqueta CDG. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CDG. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de mayo de 2012

¿Que pasa en Nuevo Laredo? 2

A pesar de que Nuevo Laredo ha sido noticia a nivel mundial, por la guerra entre El Chapo contra Los Zetas para controlar esta plaza, Benjamin Galvan lo niega.


No todo lo que sucede en esta ciudad se ha estado publicando en los medios de comunicación, y menos en los locales ya que como se a dicho anteriormente, si los medios de Nuevo Laredo, publican que se encontraron: Descuartizados, colgados, ejecutados, decapitados, supuestos Twitteros etc. en algún lugar de la ciudad. Son integrantes de algún grupo contrario a Los Zetas y esto lo hacen para darles un escarmiento.
Ya algunas veces han ejecutado a algún integrante de Los Zetas sus mismos compañeros, como al joven que le cortaron las manos y lo dejaron con una narcomanta en la Avenida Reforma, este joven proveniente de una familia acomodada de la colonia Madero, adicto a las drogas, estaba robando vehículos y no todo lo reportaba a su grupo, por eso fue que lo castigaron en enero de este año.


Esto le va a pasar a toda la gente que ande robando carros a gente inocente y que anden armadas: Atte. Z”.


¿Esto quiere decir que solo Los Zetas, pueden andar armados, y delinquir en Nuevo Laredo?


David Gonzalez Muños de 20 años de edad, hijo de Jose Florentino Gonzalez Gonzalez y Briselda Muñoz Mendez


"El Rascatripas" ejecutado en noviembre del 2011.




Miércoles 2 de mayo




Por el área de las colonias: Nueva Era y Alianza, por donde esta la pulga de los rieles, esa noche se escenifico una infernal balacera, que duro mas de dos horas, algunos habitantes o tal vez la mayoría, en sus casas, se acostaron en el suelo y el sueño los venció sin saber como o a que hora termino.


¿Cuantos muertos? No hubo reporte oficial.


Jueves 3 de mayo




3:20 p.m., en el centro de la ciudad, se escucha el tableteo de las metralletas, las personas que bajaban de los camiones urbanos, las que iban o salían del IMSS o las que se encontraban cerca de la ave. Aquiles Serdan entre las calles Hidalgo y Pino Suarez, corrían para protegerse de alguna bala perdida.
La balacera duro algunos veinticinco minutos. Se dice que en una casa contigua al Motel Colonial, quedaron varios muertos entre ellos una o varias mujeres.
Tampoco hubo reporte.


¿Coincidencia que al día siguiente aparecieron nueve personas colgadas en el Blvd. Colosio y carretera Nacional?


Viernes 4 de mayo




1:00 a.m. Los Zetas cuelgan a nueve personas del Cartel del Golfo en el Blvd. Colosio. Cinco hombres y cuatro mujeres.
Los medios Neolaredenses, confirman lo que la ciudadanía ya sabe, reciben ordenes de Los Zetas para publicar la noticia y aparece en los medios locales.



Horas después, El Chapo le contesta la agresion a Miguel Treviño el Z-40 Catorce Zetas decapitados, los cuerpos fueron dejados por la Ave. Cesar Lopez de Lara a la altura de la Asociación de Agentes Aduanales, las cabezas fueron dejadas en la Presidencia Municipal con un mensaje para el alcalde Benjamin Galvan Gomez


Domingo 6 de mayo




10:00 p.m. unos sujetos, pasan disparando desde un vehículo en marcha a los que se encontraban en el punto que se encuentra en las afueras de La Herradura en el crucero de la calle Hidalgo y la ave. Ocampo.
Esos sujetos les arrojaron una granada, pero esta no estallo, quedando debajo de algún vehículo o tal vez debajo del puesto de mariscos.


Benjamin Galvan Gomez




El presidente municipal de Nuevo Laredo en conferencia de prensa, el día 23 de abril informa que en Nuevo  Laredo no hay grupos de la delincuencia organizada, las balaceras, ejecuciones, robos, secuestros y extorsiones, son producto de la imaginación de los habitantes Neolaredenses quienes publican puras pendejos en las redes sociales Tachandonos de paranoicos  y querer manchar la imagen de la ciudad. y que los Zetas ejecutados por gente de El Chapo, ¡eran gente inocente!

  Pa'tras los filders 


Calumnias y desprestigio, dice Benjamin Galvan, después de haber recibido catorce cabezas de Zetas en la presidencia municipal acompañada de un narcomensaje de parte de El Chapo Guzmán, se retracta de lo dicho en la conferencia de prensa del día 23 de abril y el 7 de mayo, culpa a funcionarios estatales de lo dicho en esa conferencia,


¿Y los secuestros?


Se ha sabido que a Benjamin Galvan y miembros de su familia, han sido secuestrados por horas para obligarlo  hacer bien su trabajo para la delincuencia organizada.
En el 2011 y en el mes de marzo de este año, se han dado estos hechos.

domingo, 6 de mayo de 2012

Especialistas a N. Laredo

PGR abre investigación por masacre en Nuevo Laredo Tamaulipas
Envía personal de la SIEDO a apoyar. Investiga ajuste de cuentas entre el cártel del Golfo y "El Chapo" contra "Los Zetas".




La Procuraduría General de la República (PGR) inició una averiguación previa tras el hallazgo de 23 personas ejecutadas el viernes en Nuevo Laredo, Tamaulipas; la principal línea de investigación es un ajuste de cuentas entre el cártel del Golfoy "El Chapo" contra "Los Zetas".
Autoridades de la dependencia informaron que la indagatoria se abrió por el delito de delincuencia organizada y lo que resulte, en apoyo a la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tamaulipas.
De acuerdo con las investigaciones, nueve personas cuyos cuerpos fueron colgados en el puente del Blvd. Colosio podrían haber pertenecido al cartel del Golfo, mientras que 14 decapitados  eran del cártel de los Zetas.
Estos homicidios forman parte de la guerra que libran ambas organizaciones criminales por el control de las rutas de trasiego y narcotráfico en la entidad, considerada una de los principales entradas de droga al mercado de consumo de Estados Unidos.
Por órdenes de la titular de la PGR, Marisela Morales, fue enviado a Nuevo Laredo un equipo de agentes del Ministerio Público adscrito a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada.
También llegaron a la entidad especialistas en criminología, química forense, dactiloscopia, fotografía y video que apoyarán a las autoridades locales en la indagatoria.
“El objetivo es trabajar de manera coordinada para agilizar las indagatorias que permitan localizar a los presuntos responsables”, dijo un funcionario de la PGR.

Otro regalo para Benjamin?

Hallan 23 cuerpos en Nuevo Laredo: 9 colgados en un puente


*Los otros cadáveres, descuartizados y abandonados en una camioneta y las cabezas dejadas en la presidencia municipal



Los cuerpos de al menos 23 personas fueron hallados la mañana de el viernes en Nuevo Laredo, Tamaulipas, de ellos nueve colgaban de un puente y 14 estaban en un vehículo, además de que cabezas humanas fueron dejados en la presidencia municipal.
Colgados de un puente
De acuerdo con los reportes preliminares, el primer hallazgo se realizó esta madrugada, cuando se reportó la presencia de personas colgadas sobre el puente ubicado en la carretera nacional y el boulevard Luis Donaldo Colosio de esta ciudad de la cual Benjamin Galvan Gomez es el presidente municipal por parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI)
Se trata de cinco hombres y cuatro mujeres, quienes hasta el momento no han sido identificados, Sólo se dieron detalles sobre la vestimenta, de las mujeres, tres vestían pantalón de mezclilla, una a cuadros, las primeras eran muy jóvenes y la otra de al menos 23 años de edad.
Los cuales estaban con las manos atadas hacia atrás y presentaban impactos de bala en diversas partes del cuerpo.
Asimismo, se presentó el agente del Ministerio Público en turno, quien ordenó que los cuerpos de las víctimas, que en su mayoría vestían pantalón de mezclilla, camisetas y no tenían zapatos, fueran enviados a una funeraria local para la autopsia de ley.
En el sitio del hallazgo se localizó un mensaje, que entre otras cosas, señalaba que estas personas supuestamente eran responsables de la explosión de un coche - bomba frente al edificio de Seguridad Pública Municipal, ocurrido el 24 de abril pasado.
El coche - bomba fue en respuesta al alcalde Galvan Gomez quien declaro públicamente que en Nuevo Laredo no se encontraba ningún grupo armado y que los catorce descuartizados dejados en la presidencia municipal el día 14 de abril, eran personas inocentes.
Según el mensaje, presuntos miembros de la organización criminal de Los Zetas se atribuyeron los asesinatos de supuestos miembros del Cártel del Golfo por “calentar la plaza” y atraer la atención de las fuerzas de seguridad con atentados.
Descuartizados en una camioneta y cabezas en la presidencia
Posteriormente a estos hechos, alrededor de las 9:30 horas, se reportó el hallazgo en otro sector de la ciudad, de una camioneta abandonada con los cuerpos mutilados, sin cabezas,  de al menos catorce personas que presentaban impactos de bala en diversas partes del cuerpo.
Los restos humanos fueron encontrados en bolsas negras dentro de una camioneta tipo Van estacionada frente a la sede de la Asociación de Agentes Aduanales que se encuentra por la Ave. Cesar Lopez de Lara
Efectivos militares acordonaron el área, en tanto que las autoridades policíacas iniciaron las investigaciones correspondientes de este hallazgo, a fin de verificar si existe una relación con los cuerpos colgados sobre el puente.
Asimismo, unas horas después de este reporte, cerca de las 11:00 horas, se dio a conocer que 
las cabezas fueron encontradas en tres hieleras con un mensaje que sujetos armados abandonaron arriba del puente peatonal del palacio municipal en la avenida Juárez, entre las calles Maclovio Herrera y Héroes de Nacataz.
En el interior de las hieleras, estarían las cabezas de los cuerpos decapitados.




"La ventana sangrienta"

Nuevo Laredo sangriento

La ciudad llamada "La ventana de la patria" ahora sera "La ventana sangrienta"



lunes, 23 de abril de 2012

Testimonio de la situación real en Tamaulipas

Los reporteros tamaulipecos hablan en voz baja en días de enfrentamientos con hasta 200 muertos. 


De tramos carreteros con paisajes de cadáveres de adolescentes, casi niños, esparcidos por varios metros. De cuerpos que ya no pasan por los semefos, las funerarias o los cementerios y van directo a fosas que albergan entierros múltiples. De rastros de sangre en las calles como únicas evidencias de los asesinatos que escapan a las estadísticas fúnebres.Es difícil probar sus dichos. 

A diferencia de ciudades como Juárez, en las ciudades de Tamaulipas los reporteros no realizan el ejecutómetro porque el número de homicidios es desconocido. Las autoridades niegan esa información. El Centro de Estudios Fronterizos y de Promoción de los Derechos Humanos, A.C. (Cefprodhac), la organización que llevaba el inventario de defunciones, dejó de hacerlo el año pasado.“Yo anduve investigando a dónde llevaban los muertos pero no los llevan a ninguno de los panteones, hablé con los camposanteros y dijeron que ya no los llevan ahí. 

Los de las funerarias que antes hablaban ya no quieren dar información. Preguntarle a los policías es como hablarle a los narcos y si saben que somos reporteros nos va peor. Desde hace dos años yo llevaba una estadística de los muertos; ya no puedo”, lamenta un reportero hispano que omite su nombre por seguridad, pues aunque trabaja para un periódico texano dice que está amenazado como sus colegas mexicanos. Incluso, tiene su testamento hecho.Tamaulipas es lo más parecido a una dictadura criminal, con zonas controladas por el cártel del Golfo y otras por Los Zetas que desde febrero se disputan el estado. 

Desde hace una década esa entidad es una zona de silencio; tienen en nómina a empresarios, gobernadores, periodistas, alcaldes, policías y un ejército de informantes; poseen campos de entrenamiento para nuevos sicarios y a los medios locales de comunicación bajo censura.¿Qué se necesita para imponer silencio? El finado periodista polaco Ryzsard Kapuscinski escribió al respecto: “El silencio tiene sus leyes y sus exigencias. El silencio exige que los campos de concentración se levanten en lugares apartados. El silencio precisa de un aparato policial gigantesco. Necesita ejércitos de delatores. El silencio exige que sus enemigos desaparezcan de repente y sin dejar rastro. No le gusta que ninguna voz, ya de queja, ya de protesta, ya de indignación, turbe su paz y tranquilidad. Allí donde tal voz se deja oír, el silencio golpea con toda su fuerza y restablece el estado anterior, en decir, el estado ideal de silencio”.Tamaulipas no está alejado de esa descripción que obliga a callar hasta a los medios ubicados del lado estadounidense del Río Bravo.Los editores de diarios texanos, como el San Antonio Express-News o el Laredo Morning Times han mandado a sus reporteros al lado mexicano a documentar información tan básica como el número de muertos después de los más feroces enfrentamientos entre bandas criminales o de éstos contra las fuerzas federales; pero desde hace dos años no consiguen cifras confiables.“El día después de la balacera de Matamoros (en la que murió Ezequiel Cárdenas Guillén, El Tony Tormenta) el gobierno reportaba 10 muertos, los medios de la frontera de 40 a 50 y fuentes oficiales de Estados Unidos nos decían que eran como 100. 

Tuvimos que escribir una nota diciendo que fueron un mínimo de 10 y un máximo de 100. En los diarios de Estados Unidos es impensable dar cifras tan vagas, tan imprecisas, pero nos orillaron a eso”, se queja Nora López, editora del San Antonio Express-News.La reportera Lynn Brezosky, de ese mismo diario, por esas fechas fue enviada a Matamoros para indagar el número de muertos tras esa violenta refriega que obligó a los habitantes de pueblos como Ciudad Mier a exiliarse. Ella entró un par de horas, a contrarreloj, a sabiendas que no puede preguntar mucho ni llamar la atención, que debe permanecer pocas horas y cruzar la frontera antes del atardecer.“La gente dijo que había pasado el día en su oficina o en sus casas encerrados, sin luz, sin teléfono, y que se asomaron a las calles hasta el día siguiente, pero nadie supo precisar cuántos murieron y si lo saben no lo dicen. No vimos cuerpos en las calles. Pero imagino que los levantan y llevan a algún lado, pero nosotros no podemos quedarnos mucho tiempo para investigar”, explica vía telefónica.



Estado-cártel

En Tamaulipas es más lo que se calla que lo que se publica. La mayoría de la prensa local está amordazada. Los reporteros de medios nacionales o extranjeros que quieren investigar en la zona deben planear previamente su ingreso con una operación logística, aunque eso tampoco es garantía de salir bien librado. Varios reporteros fuereños han sido tomados como rehenes por los criminales, golpeados por varias horas y expulsados con la advertencia de que la siguiente intromisión la pagarán con su vida.Un reportero tamaulipeco cuenta una anécdota: su cuñado renunció al departamento de policía municipal de Nuevo Laredo, traumado y harto porque fue enviado a levantar cuerpos “de niños muertos, con camisetas con zetas”, y aventarlos a hoyos en la tierra como si fueran perros. Hasta los periodistas fronterizos más experimentados sienten que entrar a Tamaulipas es pararse en arenas movedizas, como admite Alfredo Corchado, el veterano corresponsal de The Dallas Morning News que en febrero –cuando comenzó la guerra entre Los Zetas y el cártel del Golfo– logró entrar un par de horas a reportear a Reynosa e informó al mundo que decenas de personas habían muerto las semanas previas y que ocho periodistas estaban desaparecidos.“Hay regiones donde el silencio domina, donde el miedo se siente y se ve entre la gente. Y eso lo vi en Reynosa, me impresionó mucho. 

El crimen organizado en esa región se ha impuesto como gobierno paralelo que domina hasta la prensa. Ahí sientes la impotencia de la gente, del gobierno”, dice a Proceso el periodista recién galardonado en Estados Unidos por su valiente cobertura.Aunque desde 2007 Juárez es considerada la ciudad más peligrosa de México –y, según algunos cálculos, del mundo entero–, la mayoría de los corresponsales sienten en la frontera chihuahuense más seguridad que en la tamaulipeca.“Ciudad Juárez es demasiado grande, es difícil domar esa ciudad y el periodista tiene ahí más espacio. Irónicamente, siento más tranquilidad en Juárez, a diferencia de Matamoros, Reynosa, Ciudad Alemán, Nuevo Laredo u otros municipios tamaulipecos donde no confío en nadie, sólo en muy contadas personas y donde la dinámica de Los Zetas ha creado una realidad mucho más cruda, más brutal, más sofisticada en cuestión de guerra urbana; saben cómo controlar la información y controlar, subordinar, amenazar y matar el reportero, lamentablemente, es parte de su estrategia”, dice.Aunque Juárez es considerada a nivel internacional el epicentro de la violencia por el narcotráfico y se ha convertido en el icono del conflicto armado, los propios reporteros juarenses quedan pasmados al escuchar los testimonios de las condiciones de trabajo de sus colegas tamaulipecos. 

La reportera Sandra Rodríguez, de El Diario –premiada el mes pasado en España por su valiente cobertura junto a su colega Lucy Sosa– considera que la gravedad de la situación en Tamaulipas reside en que es parecida a la de un estado totalitario.“Sabemos que hay mucha violencia, porque los reporteros nos cuentan, pero no tenemos estadísticas que lo confirmen. En Juárez por lo menos el ministerio público tiene un protocolo que manda diariamente a los medios con los homicidios, y aun así nos hemos dado cuenta de que no reportan todos los homicidios. Pero en Tamaulipas todo es silencio, es una situación tan grave que ni siquiera la conocemos”, opina.

Censura transfronteriza

Según el periodista mexicano Jorge Luis Sierra, fundador del McAllen Times –ubicado al otro lado de la frontera tamaulipeca–, este año podrían haber muerto más personas en Tamaulipas que en Ciudad Juárez, si se considera en términos proporcionales.“El grueso de la violencia ha ocurrido desde el aparente conflicto entre Los Zetas y el cártel del Golfo, que provocó una ola de violencia a partir de febrero. 

En Ciudad Juárez –donde la violencia es más antigua– los medios locales han mostrado más independencia y no han cesado de informar de la violencia, pero en Tamaulipas no es así”.Señala que cuando el Cefprodhac de Reynosa abandonó el conteo de las muertes violentas desaparecieron las fuentes independientes que corroboraran la información. Los medios fronterizos ubicados en Texas tampoco han podido evadir fácilmente la censura informativa. “(Los medios texanos) siguen reporteando, pero ya no es tan sencillo que crucen la frontera. En los momentos de mayor violencia se abstuvieron de entrar. No había garantías para una cobertura segura, algunos periodistas estadunidenses habían sido amenazados, y para ellos era difícil pasar desapercibidos. Pero los tres diarios más importantes de ese lado de la frontera: el Brownsville Herald, el Monitor y el Laredo Morning Times siguen buscando la noticia, tratando de construir fuentes del otro lado de la frontera y cruzando cuando pueden. 

El trabajo ha sido un poco más sencillo con la contratación de reporteros bilingües de origen mexicano”, explica.Sierra señala que durante los enfrentamientos en Matamoros que culminaron con la muerte de Ezequiel Cárdenas, el Brownsville Herald manejó información de fuentes anónimas que mencionaba a decenas de muertos, porque era muy riesgoso confirmar los datos sobre el terreno; tanto que uno de sus reporteros murió baleado. El NewsChannel 5 fue obligado a sacar de la región a uno de sus reporteros porque recibió amenazas de muerte; después le tocó a un camarógrafo.El San Antonio Express-News también se vio forzado a retirar de Nuevo Laredo a un reportero. En febrero pasado se abstuvieron de cruzar la frontera –“nuestra seguridad no estaba garantizada”, explica Nora López– por lo que tuvieron que tomar notas surgidas desde la Ciudad de México o del Houston Chronicle. 

El bloqueo informativo es tal que Brezosky se ha visto obligada a consignar en sus notas información tomada de blogs y twitters de ciudadanos.“Batallamos para conseguir información básica como los muertos. Antes nos daba la información la procuraduría del estado (de Tamaulipas), ahora no quieren, dicen que no saben, que tienen que esperar órdenes del DF y el Ejército también dice que no sabe (…) Antes íbamos y veíamos cuerpos, ahora sólo los charcos de sangre porque los narcos se llevan a los suyos y los marinos a los suyos”, dice la editora López.La periodista considera que el desconocimiento de la realidad es muy grave, porque si no se dimensiona la gravedad de la situación tampoco habrá solidaridad entre la sociedad para organizarse.

Dictadura criminal

Un reportero de un medio electrónico de Reynosa explica que los policías locales niegan información sobre los enfrentamientos porque están al servicio del narcotráfico.“La lista que dan de muertos está muy depurada, sabemos que hay más. 

La gente nos dice que vieron más muertos que los reportados. Los mismos delincuentes se llevan los cuerpos en las balaceras y los desaparecen, si matan a alguno se lo llevan también si es enemigo”, asegura.Una corresponsal de un medio nacional dice que le resulta imposible explicarle a sus jefes, basados en el Distrito Federal, que los policías no la dejan acercarse a donde hubo balaceras, que los funcionarios no proporcionan datos y que el ministerio público no recibe reporteros.“Tan sólo antier ellos negaban que hubo muertos y yo sé que al menos una persona murió en Nuevo Laredo, porque era mi conocido. 

La procuraduría ya no actualiza la información en internet y no te responden ni cuando pides la información a través de la ley de transparencia. Ni siquiera los afectados quieren darnos datos porque desconfían de los periodistas, piensan que estamos coludidos. Y el Ejército piensa lo mismo. A todos nos catalogan como corruptos”, lamenta.

Ella como otros colegas suyos asegura que todo el gremio tiene sus cuentas de internet hackeadas y sus celulares intervenidos. Varios dicen que reciben amenazas telefónicas y órdenes o advertencias directas de reporteros a sueldo de los cárteles. “Es absurdo, a veces no quieren que publiquemos una nota que todo mundo conoce porque antes la divulgaron los twiteros. O lo peor: quieren que cubramos sus manifestaciones contra el Ejército y que las destaquemos”, dice un reportero de Matamoros.La censura llega al colmo de que hasta los reporteros se enteran de los sucesos a través de Twitter o Facebook. “La autoridad no informa y nosotros que deberíamos hacerlo no podemos. 

Las radios y televisoras no te dicen dónde hay balaceras y sólo las redes sociales”. Una reportera de Matamoros indica las reglas informativas que les han impuesto los criminales: “No podemos dar datos concisos en una nota, nombrar a ninguno de los cárteles, ni ampliarnos en la información, ni mencionar la violencia (nada de la aparición de muertos en carreteras o cuerpos que traían playeras de un cártel). A lo único que pudimos darle seguimiento es la muerte del candidato (a gobernador Rodolfo Torre) Cantú”.Esta reportera, como varios de sus colegas, reconoce que los ciudadanos están enojados con los periodistas, todo el momento los critican por cobardes, se sienten frustrados por la ausencia de información.Y explica: “Yo les contesto que ni mi información ni la de otros cambiaría la situación, que entiendan nuestra posición porque no es fácil nuestra tarea, que por una nota no sólo estamos exponiéndonos nosotros, también nuestras familias y a nuestros compañeros, al personal y a las instalaciones. La gente está frustrada pero sólo los que estamos de este lado sabemos el peso que cargamos: estamos entre la censura, el silencio y el miedo”.Desde mediados de noviembre el Ejército puso de moda invitar a periodistas a Ciudad Mier para que constaten que los soldados recuperaron ese pueblo disputado desde hace 10 meses por zetas y golfos. 

Sin embargo, aunque los militares se mantienen en la zona que acapara la atención mediática a raíz del exilio de todos sus habitantes que fundaron el primer albergue para refugiados de la violencia, el resto de la entidad parece perdida para el estado. Los criminales todavía controlan la información.Un periodista dice que es tal el dominio de los cárteles que, a veces, lo único que les queda por hacer a los medios informativos para manifestar su desacuerdo con los criminales es publicar fotos del presidente Felipe Calderón o del Ejército en la portada, notas de los discursos oficiales o información de agencias internacionales sobre los daños de las drogas. No pueden hacer más. 

miércoles, 11 de abril de 2012

Entre CDG y los Zetas


La dramática vida y muerte de un sicario del crimen organizado

"El Apache" creció en el Cartel del Golfo.
Se trata de Oscar Castillo Flores, de 33 años. Su padre fue un temible sicario de este grupo del crimen organizado. Su hermano mayor manejaba la lucrativa plaza del narcotráfico en Matamoros y su hermano menor también trabajaba para el cartel.Se ganó una temida reputación como asesino a sueldo del Cartel del Golfo. Y cada tanto se pasaba de bando y se unía a Los Zetas.
Los Castillo tenían dinero, armas y poder que provenían de su pertenencia a esta temida organización del crimen transnacional.
Pero también vivían en una cultura de violencia, en la que una disputa entre amigos de toda la vida podía terminar en una espantosa muerte.
Su historia es tan dramática como una película o una novela, pero es totalmente verídica.
Creció en el Cartel del Golfo
"El Apache" nació y creció en Matamoros, que por generaciones ha sido un baluarte del Cartel del Golfo. Su familia era reconocida en el submundo del delito. Su padre era Oscar Castillo, alias “La Capra”, según relató un efectivo de las fuerzas de seguridad de Tamaulipas, quien prefirió no ser identificado por no estar autorizado a hablar a la prensa.
"El Apache" abandonó la escuela a temprana edad e ingresó al negocio familiar, sumándose al cartel cuando era adolescente. Fue guiado por su padre y su hermano mayor, Alberto Castillo, alias “Beto Fave".
"Beto Fave" era un respetado miembro del Cartel del Golfo y estaba a cargo de la plaza del narcotráfico en Matamoros.
Traición y violencia
Todo comenzó a cambiar para la familia Castillo en mayo de 2010. Fue cuando "Beto Fave" fue asesinado por orden del jefe del Cartel del Golfo, Antonio Ezequiel Cardenas Guillén, más conocido como “Tony Tormenta” .
"Beto Fave" permitía a "El Apache" trabajar para el Cartel del Golfo y para Los Zetas, según informo el South Island Breeze. Esto causó el enojo de "Tony Tormenta", según dijeron sus socios del cartel. Entonces, el jefe del cartel envió a un grupo de sus secuaces más leales, los "Escorpiones", no solo tras "Beto Fave", sino también tras "La Capra", el patriarca de la familia. A las pocas semanas, ambos estaban muertos.
Los cuerpos de "Beto Fave" y sus principales lugartenientes fueron arrojados en las avenidas más importantes de Matamoros. "La Capra" fue decapitado y sus restos fueron arrojados a un canal, según informaron las autoridades.
Cualquiera sea el sentido de su lealtad dividida, "El Apache" había desaparecido. Y luego se unió a Los Zetas.
La esposa de "La Capra" – madre de "El Apache" y "Beto Fave" – presenció la decapitación de su marido, sufrió una crisis nerviosa y fue internada en una institución de enfermos mentales en Monterrey, informó un miembro de la familia Castillo, quien no quiso ser identificado por razones de seguridad.
"El Apache" busca venganza
Según declaraciones de algunos miembros del cartel que mantuvieron en reserva su identidad, "El Apache" se unió a algunos hombres que le eran leales, entre ellos miembros de Los Zetas, y buscó venganza. Arrasó Matamoros, atancando varios depósitos de droga y puntos de distribución callejera del Cartel del Golfo.
Precisaron además, que la ofensiva más drástica tuvo lugar en junio de 2010, dentro de un destacamento policial de Matamoros. "El Apache" irrumpió en el lugar usando uniforme militar, y abrió fuego con dos pistolas Baretta. Según dijeron, el ataque a la policía se produjo porque algunos de ellos habrían estado trabajando para el Cartel del Golfo.
En respuesta al tiroteo, los primeros en llegar no fueron otros policías ni los militares, sino los miembros del Cartel del Golfo, según informó el Brownsville Herald. Los hombres armados del cartel fueron por "El Apache" y sus secuaces, pero éste logro escapar, en tanto que siete policías resultaron muertos.
A comienzos de julio de 2010, "El Apache" y su esposa volaron a Brownsville. Allí, se sumaron algunos de sus seguidores, entre ellos su hermano menor, Omar Castillo Flores. A finales de aquel mes, fue arrestado por reingresar ilegalmente a Estados Unidos. Fue capturado junto con dos de sus secuaces, Luis Alberto Blanco Flores, alias “El Pelochas” y José Ezequiel Galicia González, alias “El Nino”.
En un principio, "El Apache" estuvo detenido en el Centro de Detención Carrizales-Rucker, en las afueras de Brownsville.
Otro de los hermanos es abatido
A un par de cuadras del lugar de detención de "El Apache", su hermano menor, Omar “El Omarcillo” Castillo Flores, de 25 años, y un custodio fueron asesinados el 30 de septiembre de 2010, en la autopista FM 511. Tres hombres armados atacaron la camioneta Dodge del menor de los Castillo con balas 9 mm, según informaron las autoridades. El ataque se produjo muy cerca de la Oficina del Alguacil del Condado de Cameron. Al igual que "El Apache", "El Omarcillo" también había dejado el Cartel del Golfo para unirse a Los Zetas.
Carlos García, jefe de policía de Brownsville informó a los periodistas que los asesinatos eran un caso evidente de "violencia desbordada", de una enemistad que comenzó en Matamoros. La policía sospecha que los asesinos trabajaban para el Cartel del Golfo, pero no se realizó ningún arresto por ese hecho.
En diciembre de 2010, "El Apache" se declaró culpable ante un tribunal federal de Texas por delitos de inmigración y posteriormente fue liberado. Los registros judiciales del caso están sellados.
En enero de 2012, regresó a Tamaulipas.
Unas semanas después, hacia fines de febrero, "El Apache" lideró un grupo de choque de Los Zetas que atacaron a miembros del Cartel del Golfo en Valle Hermoso, una localidad ubicada a pocas millas al sur de Matamoros.
Allí fue ultimado durante la contienda, según informó una persona que no guarda afiliación con las fuerzas de seguridad, y que proporcionó a Ágora una foto del cuerpo. En la imagen se observa un gran tatuaje en el torso de "El Apache", que se asemeja un carnero o un diablo con cuernos. Por lo que se puede apreciar, parece estar muerto. Si bien su fallecimiento fue publicado en The Monitor, las autoridades aún no han anunciado oficialmente su muerte.

lunes, 26 de marzo de 2012

Reportaje: Las generalas del narco

Las generalas del narco



En el mundo del crimen organizado destacan pocas mujeres, pero eso no significa que el papel que asumen no sea decisivo. Quizá su vida real no se acerca a la ficción narrada en la novela  La Reina del Sur,  pero el arrojo, la ambición, las dotes de intriga y traición no les son ajenas. Pocas veces se sabe de ellas porque quedan opacadas por la notoriedad que adquieren sus colegas hombres.  
María Antonieta, Cantalicia y Angélica son tres ejemplos de mujeres que han elegido incursionar en el negocio de las drogas. Estas son las historias de la vida de estas generalas del narco.





1.- María Antonieta, La Generala


El polvo y el calor cubren a Tamaulipas 
este junio de 2000. Dos estadunidenses 
cuya segunda nacionalidad es la del Cártel del 
Golfo, Joel Recio y Ángel Hernández, saben que 
la autoridad máxima se llama María Antonieta Rodríguez Mata, una mujer que teje negocios entre las mafias colombiana, dominicana, 
mexicana y mexicoamericanas.
Los tres se encuentran reunidos en una casa 
del exclusivo fraccionamiento Las Fuentes de 
Reynosa.
–Tengo un cargamento de coca. Uno de los 
pequeños. Necesito transportarlo –dice la mujer, con reposo en la voz y sobrepeso en el cuerpo.
Joel y Ángel asienten.
–¿Cómo y cuánto? –pregunta ella.
–Tengo un amigo que cobra 500 dólares por 
kilo transportado –responde Recio.
Dos días después, Recio recibe 200 kilos 
de droga en su casa, en McAllen. Joel y Ángel 
son parte de la estructura operativa en Estados 
Unidos de María Antonieta.
Esa misma noche, Joel y Gerardo Jerry García –transportista hasta entonces renuente a 
ser narcotraficante– empacan nuevamente la 
droga y la envuelven con cinta adhesiva negra. 
García es propietario de la compañía de camiones que transportará la droga.
A los pocos minutos, Ángel se apersona y 
entrega dinero como adelanto del flete. “Mientras estuve ahí pude ver los paquetes amontonados dentro del cancel de la regadera”, declararía Ángel casi cuatro años después ante un 
gran jurado de una corte texana.
También daría detalles de su ex jefa.
Si algo le gusta en la vida a María Antonieta Rodríguez Mata son las mujeres, y si algo 
sabe hacer bien es traficar droga y dinero entre 
México y Estados Unidos.
Su aspecto físico revela a una mujer que no 
corresponde al perfil de una “reina” del narco. 
Si se atiende a las pocas imágenes disponibles 
de ella, de inmediato queda claro que de sus 
hombros nunca colgó una bolsa Loui Vutton, 
sino el fusil de asalto que aprendió a manejar en 
sus años como policía judicial de Tamaulipas.
Si se revisa con atención su biografía, se 
advierte pronto que la suya no es una vida de 
pasarela, como lo pudo ser para Laura Elena 
Zúñiga, la ex Miss Sinaloa en cuya vida se basó 
la película Miss Bala, sino la que puede florecer 
en la ardiente frontera norte.
El gobierno de Estados Unidos desplegó su 
aparato policiaco y diplomático para llevar al 
banquillo de los acusados a una mujer diferente, de muchas maneras, de Kate del Castillo, la 
actriz protagonista de la telenovela La Reina del 
Sur, basada en el libro de Arturo Pérez Reverte.
Si los sobrenombres indican algo de quien

los recibe, entonces habría que repasarlos para 
entender de quién se trata María Antonieta: 
Comandante,  Toni,  La Tía,  La Toni,  La Vieja, 
Mandy, pero, ante todos, el de La Generala.
El santo y seña de lo que la DEA conoció de 
su carrera como contrabandista queda registrado en el expediente de alegato sobre su solicitud de extradición, cuya copia completa posee 
emeeequis. 
En él se lee la letra de un juez estadunidense: “María Antonieta Rodríguez Mata ocupaba una posición como líder de la organización, 
con base en Reynosa, que transportaba grandes 
cantidades de cocaína y marihuana en los Estados Unidos”.
*
La Generala nació el 21 de junio de 1969 en Tampico, Tamaulipas, aunque su vida se construyó, 
desde su infancia, en Reynosa. Radicó ahí desde 
el primer año de edad y hasta concluir la secundaria. Desde entonces, desde antes, sobresalía 
de manera natural entre el resto de los alumnos 
por su aguda inteligencia.
Mide 1.65 metros de estatura y es fumadora de tabaco. Hija de un obrero de Pemex, es la 
menor de sus seis hermanos. Siempre ha negado 
que  consuma drogas ilegales. En cambio, desde un principio, ante su familia, primero, y ante 
quien fuera, después, aceptó que se enamora 
sólo de otras mujeres.
Estudió la preparatoria en Saltillo, Coahuila, y derecho en la Universidad Valle de Bravo, 
en Reynosa, carrera que suspendió a los 22 años 
para llevar el curso de ingreso a la policía judicial de su estado, en donde la admitieron en 
1992. Reinició la licenciatura en 1994 y la concluyó dos años después. Permaneció en la policía judicial hasta el 1 de junio de 1999.
A diferencia de Sandra Ávila Beltrán,  La 
Reina del Pacífico, resulta impensable que  La 
Generala buscara la manera de introducir bótox 
a la cárcel para alisar las arrugas del rostro. Si 
acaso, existe un gesto de vanidad en la tamaulipeca, que, a la vez, es un propósito de salud: se 
realizó una cirugía para reducir el tamaño de su 
estómago y perder peso.
De los modos y maneras de La Generala en 
sus tiempos de agente de la policía judicial, las 
autoridades tamaulipecas sabían desde 1996. 
En junio de ese año, la Comisión Nacional de 
Derechos Humanos emitió una recomendación 
al entonces gobernador para que la investigara 
por abuso de autoridad.
En 1995, La Generala, otro policía mexicano 
y dos agentes del FBI irrumpieron en el centro 
nocturno Fiesta Mexicana. Sin documento alguno de aprehensión, pero sí con violencia, sacaron del sitio a un ciudadano estadunidense 
acusado en su país de posesión de marihuana.
Los judiciales metieron al hombre a la cajuela

de su vehículo y lo entregaron al FBI en el Puente Internacional de Hidalgo, Texas, ahí mismo 
donde La Generala hizo los negocios por los que 
los estadunidenses reclamaron su extradición.
En aquella ocasión,  La Generala realizó la 
captura “aparentemente” mediante el pago de 
10 mil dólares entregados por los agentes estadunidenses.
Antes de ser llevada al Reclusorio Norte, 
cuando aún existía ahí un apartado femenil, vivió en la colonia Las Fuentes de Reynosa, en una 
casa construida, ladrillo a ladrillo, a imagen y 
semejanza de las típicas de un suburbio texano 
de clase media alta. La vivienda de María Antonieta contaba con tres recámaras, sala-comedor, cocina, cuarto de servicio, cuatro baños, 
jardín y garaje para 12 autos.
Al momento de su detención,  La Generala
poseía tiendas de autoservicio, restaurantes, 
negocios de arrendamiento inmobiliario y un 
rancho de engorda de reses, porque, como todo 
buen traficante, explica su riqueza con la bonanza de la ganadería.
Quien conoce bien a  La Generala dice de 
ella que es tan inteligente como desconfiada y 
ambas cualidades las tiene en grado superlativo. También que es solidaria con los suyos. Que 
habla inglés, que tiene excelente vista y que es 
capaz de armar un plan en segundos.
La corte federal estadunidense detectó que, 
“al menos desde marzo de 2000 o alrededor de 
esa fecha”, La Generala “creó una organización 
para distribuir grandes cantidades de cocaína y 
marihuana dentro de Estados Unidos” con operaciones basadas en Reynosa y conectada con 
McAllen y Houston, Texas, y otras ciudades de 
Nueva York y Carolina del Norte.
*
Miguel Ramón Deolelo conoció en su país, República Dominicana, a una mujer excedida de 
peso, a quien llamaban Toni, y a la que nada detenía en su intención de cobrar cinco millones 
de dólares por un cargamento de drogas que alguien le debía en la isla.
En junio de 2000, Deolelo, un abogado y un 
oficial de narcóticos de Santo Domingo –sus 
nombres no son identificados en el documento 
oficial– hicieron escala en la Ciudad de México 
en su ruta hacia Monterrey.
Ahí los esperaba  La Generala, “quien iba 
acompañada de tres oficiales de la ley mexicanos”, detallaría el dominicano, quien se integró 
a la red de La Generala para trasladar dinero vía 
aérea de Nueva York a McAllen y, de ahí, vía terrestre a Reynosa.
En agosto de 2000, Deoleo y otro dominicano volaron de Nueva York a McAllen. Los recogieron en el aeropuerto y los llevaron ante Rodríguez Mata, quien se hallaba en México.
La Generala planeaba reforzar su estructura

de tráfico de cocaína a Nueva York y recomponía piezas para optimizar el flujo de dinero.
Pocos días después, la hermana de Deoleo 
voló de Nueva York a McAllen. Era la tarde del 
21 de agosto de 2000 y Rubén Espinosa, investigador antinarcóticos del condado de Hidalgo, 
recibió información de que una mujer llegaría 
en un vuelo de American Airlines en posesión 
de dinero en efectivo.
Minutos después, el policía recibió sus rasgos físicos. En la sala de llegadas, identificó a 
una mujer coincidente con la descripción y la 
siguió, sin que ella ni el hombre que la acompa-
ñaba se percataran. 
En el estacionamiento del aeropuerto, Espinosa y otro agente abordaron a los narcotraficantes.
–¿Pueden regresar al aeropuerto para una 
entrevista?
Ninguno se negó. No había manera de hacerlo.
La hermana de Deoleo viajaba con tres maletas, una mochila negra, una pieza de equipaje 
pequeña con ruedas y una bolsa negra con correa colgada del hombro.
“Observé varios fardos de dólares en la bolsa de mano y en la maleta con ruedas. También 
noté en el contorno de su cuerpo bultos rectangulares bajo su ropa. Pedí a una oficial que la 
registrara y encontró 13 bultos adicionales de 
dinero en efectivo. La cantidad total fue de 92 
mil 492 dólares”.
Dentro de un bolso café que llevaba el hombre, los policías requisaron 80 mil 272 dólares.
*
Los años 2003 y 2004 fueron algunos de los 
peores para el Cártel del Golfo. Detuvieron a su 
líder, Osiel Cárdenas Guillén, en Matamoros, 
Tamaulipas. Otros operadores de primer nivel 
fueron capturados después, entre ellos Rogelio 
González El Kelín y La Generala.
El Kelín y María Antonieta tenían una historia compartida. Entre 2002 y 2004, él se instaló 
en Veracruz para recibir droga procedente de 
Colombia vía Guatemala, que luego enviaba a 
Texas con la intermediación de La Generala.
La Generala fue detenida el 8 de febrero de 
2004 sin intención alguna de ser sometida a 
proceso penal en México. La Agencia Federal de 
Investigación la capturó con el único propósito 
de entregarla a Estados Unidos. Todos los apodos de María Antonieta enlistados por la PGR 
fueron los mismos y en el mismo orden que los 
mencionados en la investigación de allá.
El 7 de febrero de 2006, justo dos años después de su entrada a prisión, se le abrieron las 
puertas de la cárcel de Santa Martha. Por algunos segundos recuperó la libertad, hasta el momento en que un grupo de la PGR la esposó nuevamente para arraigarla durante los siguientes
30 días, recluirla otra vez en la cárcel para mujeres de la Ciudad de México y someterla a un 
nuevo proceso de extradición.
Estados Unidos no cedía en su propósito de 
tener a María Antonieta. Y lo logró. La Generala
fue extraditada el 10 de agosto de 2007. 
Después de varios años, la mujer volvió a 
Texas.


2.- Cantalicia, La Canti


La noche del 14 de abril de 2007 todos 
irían al Club Fifty Seven, el nuevo bar de 
Cantalicia Garza Azuara, enclavado en el centro de Reynosa.
El nombre del lugar no dejaba lugar a dudas: 
la pistola belga 5.7, llamada por policías y delincuentes como la five seven, y mejor conocida 
como “la mata policías”.
Los socios de  La Canti lo sabían bien. Con 
frecuencia compraban armas con demostrada 
capacidad de atravesar chalecos antibalas. Y al 
bar Fifty Seven llegarían todos “los pesados” 
–así fueron calificados en una llamada anónima que proporcionó la información a la Policía 
Federal–: Juan Óscar Garza Azuara, un intermediario de droga traída de Colombia y de marihuana sembrada en Michoacán. Debería llegar también su hermano Josué y, seguramente, 
arribaría Gregorio Sauceda.
Todos se sentarían a escuchar cantar y ver 
bailar a una mujer que, como a los demás, no le 
son ajenas las prisiones y extradiciones: la cantante Gloria Trevi.
Los policías mexicanos no se quedaron con 
la duda y preguntaron a los agentes de la DEA 
destacados en Reynosa: sí, los hermanos Cantalicia, Juan Óscar y Josué Garza Azuara sí 
eran “pesados”. Y entonces, en vez de esperar 
el concierto y detenerlos a todos, los federales 
irrumpieron en el lugar antes del evento y sólo 
encontraron propaganda tirada del concierto de 
la Trevi.
Y, días después, ya con la fiesta cancelada, 
a Cantalicia.
*
La Canti nació en Reynosa y fue bautizada en 
la fe católica en 1967. Estudió hasta el tercer 
semestre de la preparatoria. A partir de los 20 
años, trabajó como vendedora de ropa en una 
tienda de McAllen, donde permaneció cuatro 
años, cuando decidió abrir su propio negocio. 
Contrató tres modistas y fabricó vestimenta 
para niños.
En 2001 o 2002 se enamoró de Ricardo Mu-
ñiz, con quien tuvo un hijo y de quien al poco 
tiempo se divorció.
Luego consiguió una concesión de los teléfonos celulares Cellular One, negocio que 
abandonó para regresar al de la maquila. Fiel a 
su espíritu comerciante, continuó con venta de 

joyería de fantasía, tras lo cual su riqueza creció 
de manera exponencial.
Repentinamente, consiguió un crédito de 18 
mil dólares del Lone Star Bank para abrir un restaurante en McAllen al que llamó Mi Ranchito, 
negocio del que dijo obtener 8 mil dólares mensuales de ganancias. También instaló una estética atendida por su madre. 
¿Y el bar? Ella misma lo explica:
“Apenas íbamos a inaugurar la discoteca 57 
(…) Renté el local con una mensualidad de 5 mil 
dólares. Íbamos a presentar a Gloria Trevi, a 
quien contraté a través de una agencia. Cerramos el trato hace dos semanas en el mismo lugar 
y di un anticipo de 180 mil pesos en efectivo, al 
igual que el resto, otros 180 mil pesos”.
*
Los gobiernos de México y Estados Unidos sostienen que La Canti no sólo proveía sitios para el 
lavado de dinero a los traficantes, sino que ella 
misma lo era. 
“Karen”, un ex zeta convertido en testigo 
colaborador de la policía con ese nombre clave, 
tejió en su testimonio de junio de 2007 la vida y 
muerte de zetas, kaibiles guatemaltecos, torturas y ejecuciones de sinaloenses enemigos con 
La Canti:
“Cantalicia tiene la función específica de 
mover dólares en muy grandes cantidades y esconderlos en inmuebles o bodegas que adquiere o renta; tiene contactos muy cercanos en la 
aduana de Reynosa que le permiten pasar con 
toda facilidad equipo táctico militar, armamento, vehículos y uniformes de Estados Unidos a México.
“La primera vez que la vi, a principios de 
2005 (…), fue con motivo del pesaje de unos 
paquetes de marihuana y del conteo de unos 
tambos con ice, droga que era propiedad de La 
Compañía (…); también la vi en Lázaro Cárdenas, Michoacán, a donde nos enviaron a tomar 
la plaza. Ella es el brazo derecho de El Barbas”.
Otro testigo protegido, “Édgar”, confesó 
que La Canti pasaba con frecuencia de McAllen 
a Reynosa con maletas llenas de dinero y joyas. Siempre lo hacía con la camioneta Nissan 
Armada llena de mujeres, incluso alguna vez 
utilizó a una embarazada, y a niños para pasar 
desapercibida.
Cantalicia y Ricardo Muñiz no se separaron 
del todo. Muñiz mantuvo relación de negocios 
con su ex esposa y sus ex cuñados. De hecho, 
Muñiz se convirtió en uno de los principales 
testigos de cargo en el juicio contra Cantalicia 
en una corte texana.
Tras ser detenido en Mission, Texas, con 30 
kilos de cocaína, dio información fundamental 
para fortalecer los cargos de tráfico de droga 
y lavado de más de millón y medio de dólares 
contra su ex mujer.
*
Cantalicia y sus hermanos fueron detenidos, 
según el reporte oficial de la PGR, el 17 de abril 
de 2007.
La longitud de pie de  La Canti –ni un milímetro más ni un milímetro menos– es de 22 
centímetros. Pesa o pesaba cuando la detuvieron 53 kilos y mide 1.54 metros. Su piel es blanca, su frente mediana y sus ojos café oscuro, al 
igual que su cabello, aclarado con luces de salón 
de belleza.
Tiene labios delgados y una cara afilada, rematada por un lunar redondo en el mentón. Depiló sus cejas hasta desaparecerlas y, sobre su 
rastro, pintaba con crayola largas líneas oblicuas. Su mirada, frente a la cámara de la policía 
que la fichó, irradiaba una tristeza reposada.
Cantalicia enfrentó cargos por delincuencia organizada, lavado de dinero y narcotráfico. 
Otra acusación en su contra corrió a cargo de un 
ex militar, ex policía municipal de Nuevo Laredo y ex zeta convertido en testigo protegido por 
el gobierno mexicano.
La lista de objetos incautados en las tres 
casas relacionadas con  La Canti, además del 
bar Five Seven, está detallada en el expediente 
97/2007-3, del que este medio también posee 
copia.
En un bote de basura, los policías encontraron marihuana, y en un cuarto contiguo, una 
caja fuerte repleta de cocaína. No para la venta, 
sino para consumo personal. También decenas 
de teléfonos y radios.
Se incautó también una camioneta Durango negra, en cuyo interior había cartuchos de 
armas de fuego, cargadores, una máquina para 
empacar al alto vacío y los documentos de la 
contratación de Gloria Trevi.
En una de las habitaciones se encontró una 
pistola escuadra calibre 5 .7x 2.8. También dos 
Pietro Beretta y una Colt .38. Al lado, un rifle 
AK-47 y cajas de balas. 
Una gorra verde, cuatro máquinas para contar dinero y un contrato de prestación de servicios celebrado entre TV Azteca y una mujer 
llamada Flavia Azuara. Escrituras y títulos de 
propiedades.
En otro espacio, los federales se toparon con 
decenas de bolsas llenas de cocaína y marihuana. También con un arsenal: miles de balas calibre .22 Mágnum expansiva –un raro tipo de 
munición–, nueve milímetros, diez milímetros, 
.38, .40, AR 15, 30-30, algunas con punta blanda para destrozar apenas hagan contacto y 5.7, 
la five seven.
En las cocheras se localizaron un auto BMW 
y una camioneta Jeep. Dos Suburban, una Nissan Pathfinder Armada, una Touareg, una 
Grand Cherokee Laredo, una Hummer H2 –la 
más grande en el mercado–, un Audi, una camioneta Chrysler Pacifica, un BMW, una Ford
Lobo 4x4, una camioneta Escalade y otra Dodge Durango.
Pero no hay princesa sin un cofre de joyas. 


 Y  el de La Canti resultó excepcional:
•  18 relojes marcas Cartier, Rolex, Piaget, 
Bvulgari, Lancaster, Waliham y Seiko, casi todos de oro con piedras preciosas incrustadas.
•  22 gargantillas y cadenas de oro con eslabones, figuras de elefantes y con cruces, figuras 
prehispánicas, ecuestres, herraduras, monedas 
y corazones, varias incrustadas con piedras preciosas.
• Un rosario metálico de color gris.
• 17 anillos en forma de flor, con piedras, algunos de marca Bvulgari y otros con formas talladas, por ejemplo, una herradura.
• 22 esclavas de metales preciosos, adornadas 
con piedras y figuras de elefantes, niños y osos.
• 11 cadenas con formas prehispánicas, monedas y piedras brillantes.
• 18 dijes de metales preciosos con formas de 
ángeles, Jesucristo, elefantes, pirámides, ancianos y mujeres, excepto dos: uno de éstos con la 
figura de un tigre.
• 10 pares de aretes de oro, algunos con monedas, otros de marca Bvlgari y unos más con 
piedras preciosas o formas de elefantes.
• 16 monedas de oro de diversos tamaños.
• 10 pedazos de oro.
El valor del tesoro, según el avalúo de la Procuraduría General de la República: 4 millones 
931 mil pesos.
La Canti aún se encuentra presa en México. Vive en la prisión femenil de Santa Martha 
y, durante años, fue vecina de Sandra Ávila, La 
Reyna del Pacífico. 
Pero, a diferencia de ella, el gobierno mexicano cuenta con más elementos para procesarla, 
aunque, como consta en un documento firmado 
por la canciller Patricia Espinosa, ya concedió 
su extradición a Estados Unidos.


3.- Angélica, La abuelita


–¡Te va a cargar la chingada, pinche vieja chapulina! –la insultó Osiel Cárdenas 
Guillén.
A los pocos minutos, esa noche de 2000 
–a mediados o fines, tal vez, de agosto de 2001, 
pues no hay coincidencias sobre esta fecha en el 
expediente– la casa de Angélica Lagunes Jaramillo estaba invadida por  zetas.
–¡No pagas cuota, cabrona! –siguió Osiel, 
enrojecido por la furia, en referencia al contrabando de alcohol, perfumes, coca y marihuana 
que hacía la mujer como empresaria independiente.
El narcotraficante la tomó por el cabello y 
la arrastró por su propia casa, ocupada por 18 
hombres, entre ellos el jefe de escoltas de Osiel,

Arturo Guzmán Decena, el militar de las fuerzas especiales fundador de Los Zetas.
Los ex militares se distribuyeron en busca 
de cocaína y marihuana, pero sólo encontraron joyas y dinero. La mujer se quejaría de que 
le estaban robando, pero los hombres respondieron que no la despojaron de nada, sino que 
convinieron con ella el pago de 20 mil pesos a 
cada sicario presente en su casa por concepto de 
“multas”, lo cual ella cumplió.
Entre ellos también estaba Omar Lorméndez, El Pitalúa. Así fue, en ese momento, que se 
conocieron éste y Angélica.
*
Angélica Lagunes Jaramillo nació en 1959 en un 
caserío arenoso, caliente y húmedo de Tlachapa, Guerrero. Tercera de siete hermanos e hija 
de un camionero, la menor parte de las veces; 
campesino, casi todo el tiempo, que vivía de cosechar mangos vendidos por su esposa.
Creció en una casa con paredes de adobe y 
techo de tejas, en cuyo interior se acomodaban 
cuatro catres, una mesa y un fogón. La ranchería, en ese tiempo, carecía de agua y energía 
eléctrica. La familia se las arregló con la plata y 
logró dar a la niña educación primaria y secundaria, preparación continuada en una preparatoria del Distrito Federal gracias al hospedaje y 
apoyo de un tío paterno asentado en la capital 
del país.
Angélica desertó de la escuela y consiguió 
algún trabajo de tipo secretarial en el periódico La Prensa. A los 20 años, se casó con el propietario de un hotel de Naucalpan, Estado de 
México, de quien pronto quedó embarazada.
Por diversas circunstancias, la muerte la 
convirtió en la mayor de sus hermanos: el más 
grande murió en un accidente automovilístico y 
el segundo en un asalto ocurrido cuando portaba la nómina del sitio en que trabajaba.
Éstos no serían los últimos sepelios en los 
siguientes años de Angélica. A los tres años de 
casada, embarazada de su hija Ana Bertha, una 
bala perdida topó con su marido.
Ante el inminente regreso a la pobreza, Angélica vendió el hotelito de Naucalpan y decidió 
hacer vida en Estados Unidos. Antes regresó a 
Guerrero y dejó encargados a sus hijos con su 
madre. Tomó camino al norte, pero no logró 
cruzar la frontera y se asentó en Matamoros.
Mujer de lucha y con algunos recursos, estableció un negocio de alimentos y vendió oro 
y perfumes. Tras nueve años, compró su casa y 
logró llevar a su hija menor. El varón no quiso 
cambiar el trópico guerrerense por el desierto 
tamaulipeco.
Su hija concluyó la carrera técnica en trabajo social y ella, Angélica, a los 43 años de edad, 
todavía se enamoraría nuevamente de un hombre 15 años menor que ella.
*
El negocio de Osiel Cárdenas Guillén era puntual: en Matamoros, nadie más que él podía hacer negocios ilegales. Así que parte del trabajo 
era cobrar derecho de piso a las prostitutas paradas en la calle Diez, identificar sitios de venta 
de alcohol contrabandeado y allanar con violencia casas de venta de drogas sin su permiso 
ni abasto.
“¡Tamaulipas es mi plaza!”, proclamaba a 
cada oportunidad el hombre de 33 años de edad 
surgido de un taller mecánico.
A mediados de 2000, la información recibida sobre una mujer restaurantera que, además, 
vendía licores, marihuana y cocaína sin su autorización era inequívoca. 
La dirección, en la calle Álvaro Obregón, 
conducía a la casa de Angélica. Y Osiel personalmente decidió hacer la visita con su estado 
mayor.
Y así, el líder narcotraficante y su grupo más 
cercano allanaron la casa de la guerrerense. Esperaron la oscuridad y, a las ocho de la noche, 
tocaron la puerta. Angélica abrió y, pronto, la 
casa se llenó de hombres armados. 
A empujones, la mujer subió a una camioneta que arrancó hacia una casa de seguridad, 
donde Osiel y Eduardo Costilla–actual líder de 
El Golfo y enemigo acérrimo de Los Zetas– conversaron durante dos horas con Angélica.
–Vas a rentar casas para mí –ordenó el jefe–. 
Te tengo investigada y te puedo matar a ti y a 
tu familia –advirtió, según el relato de la propia 
Angélica.
“Le dije que sí le ayudaría y esto lo hice, por 
miedo, aproximadamente 10 veces –hay quienes dijeron frente al juez que fueron 40–. Ellos 
me decían qué casa rentar y a qué empresas de 
bienes raíces debía ir y lo hacía”.
*
Cuando salieron de la casa de seguridad, Angé-
lica dio datos precisos de un vehículo, su ubicación y el hombre que lo conducía. Lo buscaron 
y, a los pocos minutos, regresaron con un tipo. 
Revisaron el auto y encontraron 30 kilos de droga propiedad de la mujer. Aceptó que se la incautaran y la relación prosperó.
A los pocos meses, aparentemente sólo tres, 
Los Zetas tenían un nuevo restaurante favorito, 
el de Angélica, y ella más trabajo: pasaba la garita con droga del cártel y regresaba con dinero. 
Su hija Ana Bertha, de acuerdo con los testimonios, también.
La nueva amistad se profundizó al grado de 
que Angélica participó en el movimiento de “la 
polla” de Los Zetas. “La polla” era una cooperación hecha entre ellos, autorizada por Osiel, 
para adquirir droga colombiana que entraba al 
país vía aérea por Guatemala y era depositada 
en Oaxaca. 

En cada vuelo de ese tipo se adquirían hasta 
450 kilos y cada participante decidía qué hacer 
con su droga: tenía la opción de venderla en el 
territorio mexicano o hacerlo en Estados Unidos, con mayores ganancias, pero asumiendo 
mayores riesgos.
Esa droga, la de los primeros embarques que 
convirtieron a Los Zetas de simples mercenarios en empresarios trasnacionales, era depositada en la confianza de Angélica.
La relación fructificó aún más. Guzmán Decena se hizo de una nueva y joven novia, Ana 
Bertha, la hija de Angélica.
Sobre el asunto declaró otro ex zeta: “Ana 
Bertha tuvo un hijo con Z-1. Él tenía bastantes 
atenciones con ella y con Angélica. Las dos conseguían uniformes consistentes en camisola, 
pantalón, botas, playeras, guantes, pasamontañas, gorras, fornituras, todas de color negro 
para uniformarnos cuando había que hacer un 
operativo.
“Después de que murió Arturo Guzmán Decena –abatido por el ejército en el restaurante 
de Angélica, donde bebía alcohol e inhalaba 
droga–, Osiel Cárdenas Guillén acordó que el 
pago de las quincenas de Arturo se lo repartieran a sus tres viejas, entre ellas Ana Bertha”.
No sólo esto. En 2002, El Pitalúa buscó a su 
jefe. Ceremonioso, pidió permiso para ausentarse dos semanas del trabajo.
–¿Para qué quiere 15 días? –preguntó Guzmán Decena, siempre marcial en esas situaciones.
–Me voy a casar.
–¿Con quién se va casar?
–Con la señora Angélica Lagunes –respondió en referencia a la suegra del hombre con el 
que hablaba.
*
Osiel Cárdenas fue detenido en marzo de 
2003 y, sin protección, madre e hija se debilitaban. En mayo de ese año, Angélica volvió al 
Distrito Federal, según ella, para visitar a su 
madre enferma y hospitalizada. 
Fue detenida y la Procuraduría General de la 
república le ofreció convertirla en testigo protegido con la clave de “Roberta”. No aceptó.
Entonces la internaron en la cárcel para mujeres de Santa Martha y recibió una condena de 
20 años de prisión y una multa de 256 mil pesos.
Ahí sigue. En el penal federal de Puente 
Grande se encuentra recluido  El Pitalúa. Hay 
quien dice que nunca han dejado de cartearse.
Hubo un último funeral en la vida de Angé-
lica, pero a ese no pudo asistir. 
Sólo le quedó el dolor y suponer la escena de 
flores y lamentos.En 2007, en Matamoros, su 
ciudad adoptiva, alguien asesinó a su hija Ana 
Bertha. 


La señora Nacha


Para imaginar a Ignacia Jasso, La Nacha, hace falta 
pensar en una mujer convencional que camina por 
los pasillos de cualquier mercado popular mexicano 
en los años 20 del siglo pasado: pequeña y redonda, 
vestida con telas estampadas, zapatos cerrados y 
peinada con un apretado chongo que estiraba su cara 
morena y ancha.
Pero esa mujer introvertida, casi taciturna, en 
realidad tenía un espíritu excepcionalmente sagaz, 
astuto y adelantado a su tiempo. La Nacha, además 
de ser madre amorosa y católica caritativa, entendía 
perfectamente el valor de la violencia para lograr 
el control del tráfico de heroína, morfina y opio de 
Ciudad Juárez a Estados unidos y tener en orden los 
“picaderos” de su propiedad en que se refugiaban 
los soldados estadunidenses a quienes despreciaba 
con profundo resentimiento nacionalista.
La Nacha ingresó de lleno en el negocio de las 
drogas desde 1927 o 1928 –andaría cerca de sus 30 
años–. de la preocupación que causaba a las autoridades quedó constancia en las cartas intercambiadas 
respecto a ella entre el gobernador de Chihuahua 
y el alcalde de Ciudad Juárez, 80 años antes de que 
esta ciudad se convirtiera en lo que hoy es.
durante los años cuarenta, La Nacha y otra mujer, María Estévez,  originaria de la Ciudad de México 
y emigrada a Juárez, aprovecharon la interrupción 
del flujo de opiáceos asiáticos hacia Estados unidos 
por la Segunda Guerra Mundial. 
Así, surtieron los mercados de detroit, Chicago 
y Nueva York. desde entonces adoptaron lo que en 
la mitología del narcotráfico es una regla: no consumían nada de lo que vendían.
La Nacha sacó del juego del contrabando de la 
amapola a sus fundadores, los chinos, y en una sola 
maniobra, en 1947, ordenó el asesinato de 11 de 
ellos. La procesaron, pero salió absuelta.
La Nacha no gustaba. Y no gustaba por ser mujer. tal vez por eso la parte visible de la empresa 
era su marido, Pablo González, un hombre mujeriego y pendenciero que perdió la vida en un pleito 
de cantina.
La viuda no se amilanó. Quienes de ella han escrito mencionan constantes conjuras en su contra, 
pero llegó a vieja y murió en algún momento de los 
años setenta. Vivía en un vecindario de obreros, en 
que era amada y protegida.
Quiso dejar su empresa a sus hijos, pero ninguno 
heredó sus habilidades. Algunos de sus nietos y bisnietos han deambulado en la frontera y las cárceles 
por traficar heroína y morfina.
Acaso en ese mundo sobresalió uno de sus nietos, Héctor González, bebedor y peleonero como 
el abuelo, pero terminó con su vida al estrellar su 
auto a toda velocidad. 
Ahí quedó interrumpido el linaje familiar.